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La película The beach dirigida por Danny Boyle y estrenada en febrero del año 2000, incluye temas relacionados con la globalización, la industrialización, y el capitalismo salvaje característicos de la modernidad, que han derivado en una sociedad de comodidades y confort, pero también de graves problemas a la civilización; como nos dice Gilles Lipovetsky en los Tiempos hipermodernos. La película es una ácida crítica al mundo moderno, pues por un lado, la modernidad no ha conseguido materializar los ideales ilustrados que se había fijado como objetivo en varios contextos, en particular en el llamado tercer mundo y, por otro, en vez de garantizar una auténtica liberación, ha dado lugar a un estado de esclavitud real, burocrática y disciplinaria que se ejerce no sólo sobre los cuerpos, sino también sobre los espíritus.

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La anterior esclavitud, es la que podemos apreciar en el filme y de la cual el protagonista, Richard (Leonardo Di Caprio) pretende escapar, una monotonía que ha corrompido el espíritu humano, provocando que un grupo de personas hartos de las comodidades de la modernidad, se aventuren en la búsqueda de un lugar donde, junto a otro grupo de personas con los mismos ideales de libertad y búsqueda de alejarse de un contexto previsible y cómodo, pero demasiado organizado, forman una comunidad dentro de una playa alejada de las ciudades.

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Es como si el nihilismo en el que Nietzsche leía el porvenir de Europa hubiera triunfado efectivamente. Lo interesante del filme es preguntarse ¿hasta qué punto es posible regresar a una sociedad casi tribal, comunitaria como la que presenta la película? No parece posible regresar a un punto casi primitivo, sin llevar consigo los ideales capitalistas y hedonistas al buscar satisfacer las necesidades de una manera cómoda, antes que simplemente sobrevivir.
Como conclusión personal, opino que la modernidad ha cambiado radicalmente al ser social, pues a pesar de haber instaurado la desigualdad social y económica, nos ha brindado también beneficios en todos los aspectos, y aún si quisiéramos regresar al comunismo o sociedades primitivas, la estructura económica y los hábitos de consumo creados por décadas de industrialización, no permitirían este “retroceso”. Los recursos y la naturaleza misma serán, tal vez, aspectos que nos pongan un límite

Por. Frida Cortés*

* Alumna de quinto semestre de Ciencias de la comunicación