JOHNNY B. GOODE: EL HITO DEL ROSTRO MARGINADO

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Por: José Alejandro Rodríguez Guzmán

En el decenio de 1950, con una capacidad adquisitiva creciente por parte de los jóvenes, con la difusión de los medios de comunicación de masas y de la sociedad de consumo, con la escolarización masiva y el nacimiento del mercado adolescente, nace la noción de cultura juvenil como categoría autónoma e interclasista, comienza a tener éxito el culto a la juventud, y ésta se convierte en la edad de moda. Al mismo tiempo nace la imagen del rebelde sin causa. La nueva generación se caracterizaba por su falta de compromiso político y moral, por su conformismo con la sociedad establecida, por su adaptación funcional.

En 1954, en Memphis, la música blues de los negros comenzó a ser cantada por jóvenes blancos: había nacido el rock and roll. Se trataba de un nuevo tipo de música, interpretada por chicos y chicas que no tenían más de 18 años, orientada hacia un nuevo mercado juvenil, que pronto se convertiría en el símbolo de la primera cultura auténticamente internacional-popular.
La escuela secundaria —la high school— se convierte en el centro de vida social de una nueva categoría de edad: el teenager. La escuela no sólo ofrecía una cultura académica, sino un espacio de sociabilidad compuesto por una serie de rituales.

El desarrollo de grupos de edad era expresión de una nueva conciencia generacional, que cristalizaba en una cultura autónoma centrada en el consumo hedonista. Su cultura era la de una generación que consumía sin producir, que al estar en las instituciones educativas no sólo se separaba del trabajo, sino de la estructura de clases. El acceso nominal a los estilos de ocio parecía cancelar las diferencias sociales. La adolescencia facilitaba el cambio sin amenazar el consenso.

La cultura es un proceso social, en ella se produce, circula y consume en la historia social. Un objeto puede transformarse a través de usos y reapropiaciones sociales, y al relacionarlos unos con otros, surge la interculturalidad y la hibridación cultural.
Charles Edward Anderson Berry, compuso en 1958 la canción Johnny B. Goode; inspirada en la vida del propio y legendario Chuck Berry; que no imaginó la significación cultural de su canción.

Johnny B. Goode, es una composición que marcó un hito en la historia de la música contemporánea, que posterior a 1958 y durante sesenta años ha sido motivo de múltiples interpretaciones a manera de cover; artistas que han sido seminales en al historia del rock y de la cultura reciente de más de medio siglo de protagonismo absoluto, leyendas como Elvis Presley, Buddy Holly, Bill Halley and his comets, The Beatles, The Rolling Stones, The Who, Beach Boys, The Shadows, The Guess Who, Jerry Lee Lewis, Buck Owens, Jimi Hendrix, B. B. King, Al Kooper, Grateful Dead, John Lennon, Santana, Cliff Richard, AC / DC, Slade, Stray Cats, Prince, Roy Buchanan, Johnny Winter, Peter Tosh, Judas Priest, han hecho de Johnny B. Goode, denotación absoluta y sintomática de toda una generación, usando desde los sonidos primigenios del rock, pasando por el blues, el blue grass, el country, el surf, el hard rock, el rockabilly, el reggae y el heavy metal, han consolidado la historia de una canción que construyó su propio metarrelato al ser narrado e interpreatdo libremente por otros excelsos artistas y grupos del siglo XX y del siglo XXI, consolidando así una historia que nace de la médula misma de la necesidad histórica de la trascendencia, de la anécdota y de la inspiración que le brindó Johnnie Johnson al mismo Berry; que a su vez, depositó en Johnny B. Goode su alter ego patrimonial e histórico, canción que habla de la marginalidad, del deterioro del tejido social, de las diferencias étnicas y raciales, obra que lo catapultó hasta el 18 de marzo de 2017. Ese día nació la historia del hombre que hizo del rock su propio rostro de escándalos, de éxitos, de récords, de premios, de anécdotas, ese día nació, después de noventa y dos años la consagración absoluta del hito musical del rostro de la marginalidad, del racismo y de la diferencia, canción omnipotente consolidada en diferentes sonidos y ritmos contraculturales durante sesenta años, y el viaje continua, el camino sigue siendo sinuoso; por ahora, ya nada detendrá a Johnny B. Goode, la puesta del sol sigue siendo el rostro de los marginados.